Porqué Malvinas?
Durante muchos años, más de los que deberían haber sido, la Guerra de Malvinas no ocupó un lugar en mi mente, seguramente ahí estaba en algún recóndito lugar de mi memoria, escondida, esperando salir para volver a recordarme aquellos lejanos días de 1982 en que me tocó cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, la «colimba» como nos gusta decirle a nosotros los argentinos por aquello de «corre, limpia y barre», aunque para mí gusto la última sílaba es «baila», pero bueno, no es la idea en este capítulo interpretar el sentido del término.
La guerra nos sorprendió a todos, nadie se la esperaba, es más, ya sabiendo que me tocaba hacer la «colimba», en aquél verano de 1982 mientras pasábamos unas inolvidables vacaciones en las playas de San Bernardo con mis compañeros del colegio secundario, yo bromeaba con un hipotético conflicto con el país vecino: Chile. Qué cara me pudo haber salido la broma...
No me voy a extender acá sobre lo vivido en aquellos días dado que eso forma parte de otro capítulo ya escrito y que, obviamente, les invito a leer en mi blog.
El título lo dice todo: Porqué Malvinas? Porqué durante tantos años nunca necesité traerlo a mi presente? Porqué nunca jamás conversé de esto con mis viejos, los que en definitiva fueron los que peor la pasaron, basta imaginar a un hijo, el único hijo, de un matrimonio de padres grandes, que deseaban tenerlo como el regalo más preciado que Dios les pudiera dar, y que ese hijo se hallara cumpliendo el servicio militar con apenas 18/19 años de edad, en el medio de un conflicto bélico con una de las más grandes potencias militares de la época. Los invito a imaginarlo.
Porqué, me pregunto una y otra vez, el miedo que por momentos se tradujo en desesperanza, desconsuelo y punto final a una vida tan joven, hoy necesita ser sanado de una forma casi catártica, hablando de Malvinas cada vez que se pueda, educando, informando, militando por la paz siempre, eternamente la paz.
Porqué hoy a mis casi 63 años existe en mí un convencimiento profundo, un llamado quizás, que golpea a mi puerta y me interroga sobre el lugar que ocupamos en aquellos días, si fue el indicado, si fue el correcto, si debimos haber ido, porqué no fuimos, porqué no nos ofrecimos voluntariamente para ir, porqué nos dejaron en el regimiento cubriendo las guardias, si fue porque verdaderamente se imaginaba un escenario bélico en Buenos Aires en el caso que los ingleses perdieran las islas, o porque un padre con fuerte contactos en las cúpulas militares levantó un teléfono y dijo que su hijo, y por ende la compañía entera, se debían quedar en Buenos Aires? No lo sé, y posiblemente nunca lo sepa.
Porqué hoy Malvinas? Es una pregunta que me hago muchas veces, y a la que he intentado encontrarle respuesta, quizás la más cercana sea la siguiente:
En la vida nos ocurre que muchos hechos buenos o malos, nos dejan marca, son como tatuajes indelebles que nunca vas a poder eliminarlos, no existe modo, son marcas en el alma, tal y como cuando eras adolescente y te enamoraste por primera vez, pues bien, nunca te vas a olvidar de ella, sin lugar a dudas una guerra en la que pudiste haber estado involucrado te deja huella, no quiero ni imaginar a aquellos que, como en el caso de nuestro compañero Daniel Orfanotti (VGM) les tocó combatir en una de las más cruentas batallas de la guerra: Monte Longdon. Esa huella muchas veces logra ser disimulada, se consigue ocultarla por años, en otros casos, mucho peores generaron que excombatientes al regresar al continente se suicidaran, esas son, fueron, huellas horribles, pesadillas de las que nunca pudieron volver, y que hoy las malditas estadísticas nos dicen que su número supera al de los caídos en combate en las islas, sencillamente un espanto. Pero qué pasa con las huellas que marcaron a otros? Las huellas de los que imaginamos que nuestra vida acabaría a los 18/19 años de forma inesperada por un conflicto que ni el más delirante podría haber imaginado. Esas huellas a algunos, quizás no les dejaron marca, probablemente a la gran mayoría, pero a otros, y este fue mi caso, sí me marcó, y esa marca que está muy lejos, pero infinitamente lejos de aquellos que estuvieron allá, que combatieron, y con los que nunca jamás intentaría caer en la necedad de parecerme, Dios no lo permita, ha sido, es, una marca que me obliga a tener presente Malvinas todo el tiempo en mi alma, me obliga a «malvinizar», especialmente en tiempos en los que, especialmente los más jóvenes, no muestran mucha empatía con la historia, con la patria, con informarse de lo vivido por las generaciones de sus padres, ello me dicta en mi conciencia que cada vez que pueda, debo hablar del tema, contar, compartir sensaciones, recuerdos, invitar a escuchar y aprender, porqué esa es, y será la mejor forma de rendir homenaje a todos aquellos jóvenes de mi generación que dejaron su vida en nuestras Islas Malvinas, y a aquellos que habiendo vuelto no pudieron superar el silencio y el olvido a los que fueron condenados por una sociedad tristemente triunfalista que sólo festeja las victorias, y muchas veces, no en todos los casos, Puerto Madryn fue un ejemplo de lo contrario, deja de acompañar en las derrotas.
Por todo esto, por los jóvenes de mi generación, por los veteranos de la guerra de Malvinas, por mis viejos, por mis amigos y amigas que preguntaban por aquellos días sobre mi suerte, y por todos aquellos que me fuí cruzando en mi vida, es que seguiré malvinizando, por todo eso Malvinas.
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