jueves, 24 de noviembre de 2011

Those Were The Days Of Our Lives


Esta es la crónica de un recital, no de un recital reciente, esta es la crónica de un recital ocurrido hace apenas 30 años…y un homenaje.
Con tan sólo diecisiete años veía acercarse el final de un nuevo año, no era cualquier final, esta vez tocaba a su fin mi quinto año de secundaria, y con ello se producía el cierre de otro ciclo de mi vida, acompañado de la expectativa de un futuro que esperaba ser escrito. No era tan sólo el epílogo de una etapa, era también el inicio de la despedida de mi adolescencia, el adiós a aquellos amigos con los que había compartido una de los mejores períodos de la vida, era también el miedo a la cercana adultez, al tener que adoptar responsabilidades que me eran ignotas.

Nuestro país no atravesaba en aquellos años épocas felices, el miedo, la desaparición, la tortura y el “por algo será” se habían apoderado de nuestras almas, y todavía nos faltaba Malvinas…un sello indeleble en la memoria de muchos, en mi propia memoria. El rock era un tesoro preciado del que sólo podíamos gozar en algunas radios de frecuencia modulada, o tal vez, desarrollando interesantes trabajos de exploración, en disquerías de albañal, que de alguna forma se las ingeniaban para tener a la venta los discos de muchas de las bandas cuya música escuchábamos recluídos en la soledad de nuestros cuartos, discos que eran adquiridos a través de algún artilugio del fraude que nos permitía obtener dinerillos de nuestros padres, los que en lugar de ser destinados a alfajores u otras golosinas, eran destinados al bolsillo del dueño de la disquería, luego de obtener nuestro preciado tesoro: ese disco que tantos mediodías mirábamos extasiados a la salida del colegio. Así comenzaba nuestra nueva galería de amigos, muchos de nombres extraños: Led Zeppelin, Yes, Supertramp, Rolling Stones, The Beatles, The Who, Queen…Queen…We will rock you!!!

Entre todo este material existía una publicación, una revista, la que leíamos devorando cada página con mucho mas interés que lo que no hacíamos con el libro de literatura o de historia: la revista Pelo. Fue en ella donde una tarde leí la gran noticia, venía por primera vez a nuestro país una megabanda de rock, su nombre: QUEEN.

Inmediatamente comenzamos junto a mis amigos a pergeñar toda la logística, necesaria en ese momento, para estar presentes en lo que iba a ser, y realmente lo fue, el primer gran recital de una verdadera banda de rock en Argentina. El gran desafío era cómo convencer a nuestros padres, no sólo de que nos dejaran ir, sino que además nos dieran el dinero para las entradas. Los casos fueron distintos en cada hogar, en el mío sigue siendo simpático el recuerdo: mi padre era fanático de la ópera, en especial de la ópera italiana, por ende, supuse, y supuse bien, que si escuchaba “Rapsodia Bohemia”, en especial el coro operístico, lograría mi ansiado objetivo. No sólo logré obtener el dinero para la entrada, sino que además conseguí que viera el recital completo por televisión, y al otro día me hiciera comentarios elogiosos sobre la gran banda inglesa, un recuerdo que aún hoy me sigue dibujando una sonrisa en el rostro.

Aún tengo presente el día que fuimos a sacar las entradas junto a mi amigo Marcelo, compinche de adolescencia y de aquellos primeros acordes de guitarra con los que alguna vez soñamos estar también sobre un escenario.

Una fila enorme partía de la entrada principal del estadio de Vélez y ahí nos pusimos, sentados en el piso, con nuestros jeans gastados, nuestras zapatillas All Star (chicos, no descubrieron nada nuevo eh…), nuestras remeras Hering y todo el pelo del mundo sobre nuestras cabezas.

La llegada de Queen a nuestro país no fue lo apoteótica que uno hubiese deseado que fuese, pero claro, no eran épocas para alegres manifestaciones multitudinarias, de modo que su llegada, si bien sensacional, no tuvo ese condimento de devoción que muchos hubiésemos querido regalarles, como sí ocurrió años después con otras bandas que nos visitaron.

Finalmente llegó el día del ansiado recital. Salimos de casa embarcados todos en un viejo colectivo de la línea 77, que ya no existe, con destino Liniers, Estadio de Vélez. Al bajar del viejo bus, comenzamos la caminata en procesión hasta nuestro correspondiente ingreso, llegaron los controles que en aquella época no eran de “Cupones Ticketek” sino de palpación de armas, ingresamos al estadio ocupando nuestros lugares mientras contemplábamos extasiados el escenario sobre el cual en apenas un par de horas aparecería Freddy Mercury junto a John Deacon, Roger Taylor y Brian May.

De pronto comenzó un tímido aplauso a expandirse por todo el estadio, el coro con aquél viejo conocido cantito de Woodstock se hizo uno sólo en todo Liniers, en minutos se apagaron las luces, comenzó a aparecer el humo, las parrillas gigantes de luces comenzaron a desplegar sus brazos como despertando de un largo letargo, y el primer acorde de esa reconocible guitarra de Brian May prologó la aparición de Queen sobre el escenario, ante lo cual el estadio estalló en una ovación que creo nadie se esperaba.

“We will rock you”, “Tie your mother down”, “Brighton Rock”, “Let me entertain you”, “I´m in love with my car”, “Save you”, “Bohemian Rhapsody”, entre tantos otros, alternaban el desfile de gloriosas creaciones de la Reina en el Plata.
Aún guardo en mi memoria momentos inolvidables de cada tema: escuchar a todo un estadio coreando el “We will rock you” y ver una marea humana con sus brazos en alto aplaudiendo y siguiendo al unísono el estribillo del tema era un espectáculo único.
Ser testigo de un sólo momento, uno sólo, ese que marcaba el final del coro operístico de Rapsodia Bohemia con el inmediato estruendo de todo el escenario, saliendo humo de todos lados, y apareciendo la figura inconfundible del gran Freddy Mercury entonando la parte mas hard del tema, aún hoy me sigue poniendo la piel de gallina el sólo recordarlo. “Love of my Life”…mil veces lo dije, mil veces mas lo diré, fue el gran momento emotivo de toda la noche…o de los últimos 30 años? God only knows…No sé si exista forma de describir en palabras la emoción de todo un estadio, de toda una banda, de Freddy Mercury al descubrir que en un país perdido del cono sur planetario, hispanoparlante, todos, absolutamente todos cantaron en forma completa esta hermosa canción, sin desconocer una sola estrofa, imagen semejante sólo pude verla con Paul McCartney hace un año en River con su ya clásico “Yesterday”.
El aplauso emocionado de Freddy al final del tema lo dice todo (les sugiero lo busquen y lo vean en Youtube).

Promediando el recital van desfilando todos sus temas clásicos, hasta que vuelve a sonar nuevamente (en versión mucho mas hard) “We will rock you”, y todos sabemos que se acerca el final.

Capítulo especial para Freddy: qué puedo escribir que ya no se haya dicho sobre su inconfundible personalidad, sobre su entrega en los escenarios inmerso en aquel recordado traje de arlequín, sobre su reconocible tono de voz, sobre su “Barcelona” junto a Monserrat Caballé, en fin, sobre una figura asociada de manera indisoluble al nombre Queen.

Llegan “We are the Champions” y el consabido cierre con “God save the Queen”. Con el último sonido, con los últimos acordes, se acercan al borde del escenario Freddy Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor, su saludo será el último de esta formación de Queen a la Argentina. Diez años después, una terrible enfermedad se cobraría la vida del gran Freddy, una voz insustituible, irremplazable, única. Esto provocaría un golpe irreversible en sus miembros, los cuales de diferentes maneras tratarían de sobrellevar el duelo por la pérdida de su gran amigo. John Deacon abandonó definitivamente la banda, ni siquiera quiso formar parte de la gira junto a Paul Rodgers hace apenas dos o tres años atrás, Roger Taylor se recluyó en su propio aislamiento hasta volver a la batería de Queen, justamente en esta última gira mencionada, y Brian May terminó su doctorado en Astrofísica en el Imperial College, acompañado siempre de su música. No tengo dudas en afirmar que si hoy todavía siguiera existiendo Queen, la banda inglesa llenaría diez Monumentales como si nada.

Han pasado ya treinta años de aquel gran recital, veinte de la muerte de Freddy Mercury, y hoy todavía siguen sonando sus temas en las radios, se siguen vendiendo sus discos, se sigue hablando de ellos, siguen siendo notas de revistas y de periódicos, siguen alegrando nuestras vidas, nuestros días, esos fueron los días de nuestras vidas…those were the days of our lives…

1 comentario:

  1. Y cuan grande ha sido mi amado Freddy que hubo que buscar la forma de "ponerlo" en la final de los JJ.OO. Hermoso recuerdo, Sgt. Albert!

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